“La vida en abundancia”: la carta del Papa León XIV sobre el deporte
Foto: Unknown author Unknown author, Public domain, vía Wikimedia Commons
El 6 de febrero de 2026, el mismo día en que se inauguraban los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán y Cortina, el Papa León XIV publicó una carta dedicada al valor del deporte. Su título está tomado del Evangelio de San Juan: “La vida en abundancia”. Con ella, el Santo Padre ofrece a toda la Iglesia una reflexión profunda sobre por qué el deporte importa, qué peligros lo amenazan y cómo puede convertirse en una verdadera escuela de humanidad.
La carta cobra hoy nueva actualidad. En este mes de septiembre, el Papa ha recibido a los atletas de Special Olympics y a los deportistas de Athletica Vaticana, y en ambos encuentros volvió a las ideas centrales de este documento.
En Lourdes Medios te explicamos qué dice la carta del Papa León XIV sobre el deporte, cuáles son sus enseñanzas principales y qué propone a las diócesis y parroquias.
Por qué “La vida en abundancia”
El título viene de una frase de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10,10). El Papa la elige para mostrar que el deporte, bien vivido, forma parte de esa vida plena que Dios quiere para cada persona.
La abundancia de la que habla el Evangelio no es la del éxito a cualquier precio, ni la de los contratos millonarios o la fama. Es la plenitud que nace de la disciplina compartida, del respeto mutuo y de caminar juntos. El deporte puede ayudar a vivirla, pero también puede traicionarla cuando pierde su alma.
El deporte, constructor de paz
La carta comienza recordando la antigua tregua olímpica. En la Grecia clásica, durante los Juegos Olímpicos se suspendían las guerras para que atletas y espectadores pudieran viajar con seguridad. Era un reconocimiento de que el deporte podía más que las armas.
El Papa León XIV propone recuperar esa tregua como símbolo y profecía de un mundo reconciliado. En un tiempo marcado por guerras en muchas regiones, el deporte puede ayudar a construir un mundo mejor y más pacífico, favoreciendo el entendimiento entre los pueblos.
Para ello cita también al profeta Isaías, que anunció un día en que las naciones convertirán sus espadas en arados y ya no se adiestrarán para la guerra (Isaías 2,4). Y recuerda las palabras de San Juan Pablo II en el Jubileo de los deportistas de 1984, cuando dijo que el deporte promueve la comprensión y la amistad.
Una tradición cristiana que valora el cuerpo
La Iglesia no mira el deporte con desconfianza. Al contrario, el Papa muestra que la tradición cristiana siempre ha valorado el cuerpo y el juego como parte del desarrollo integral de la persona.
San Pablo usó con frecuencia imágenes deportivas para hablar de la vida cristiana. En su primera carta a los Corintios comparaba al creyente con un corredor que se entrena con disciplina para ganar el premio (1 Corintios 9,24-25). Santo Tomás de Aquino, por su parte, enseñaba que el juego es un descanso virtuoso, necesario para el equilibrio del ser humano.
Cuerpo y espíritu no están separados. Cuidar la salud, entrenar con constancia y divertirse sanamente son también formas de agradecer a Dios el don de la vida.
El deporte, escuela de vida
El Santo Padre explica que el deporte es una práctica universal, presente en todas las culturas y épocas. Y señala que incluso la investigación contemporánea confirma lo que la experiencia enseña: cuando una persona se entrega por completo a una actividad deportiva, crece en motivación, en concentración y en madurez.
Por eso el deporte es una escuela de vida. En la cancha se aprende a esforzarse, a perder con dignidad, a ganar con humildad, a obedecer reglas, a confiar en los compañeros y a levantarse después de caer. Son lecciones que sirven en la familia, en el trabajo y en la fe.
Un deporte para todos
Uno de los puntos más fuertes de la carta es la insistencia en que el deporte debe ser accesible para todos. El Papa denuncia que en muchos lugares la pobreza impide a niños y jóvenes practicar deporte, y que en algunas sociedades las mujeres siguen sufriendo discriminación en este campo.
También pide que las personas con discapacidad tengan su lugar. En este sentido, la carta propone como modelo a Athletica Vaticana, la asociación deportiva de la Santa Sede, que entiende el deporte como un servicio de la Iglesia a los más pobres y frágiles.
Cuando el dinero manda
La carta no es ingenua. El Papa León XIV advierte con claridad sobre los peligros económicos que corrompen el deporte. Cuando el negocio se convierte en la motivación principal, los atletas corren el riesgo de ser tratados como mercancías, y la alegría auténtica del juego y su dimensión comunitaria se pierden.
Para iluminar este punto, el Papa recuerda las palabras de Jesús: nadie puede servir a dos señores (Mateo 6,24). El deporte no puede servir al mismo tiempo a la persona y al dinero como valor absoluto. Cuando se elige el dinero, se pierde el alma del juego.
Competir es buscar juntos
Una de las ideas más bellas de la carta es su explicación de la palabra competir. Viene del latín cum-petere, que significa buscar juntos. Competir, en su sentido original, no es destruir al adversario, sino buscar la excelencia junto con él.
Por eso toda competición verdadera necesita un pacto ético compartido y el respeto a las reglas. El rival no es un enemigo, sino alguien que me ayuda a dar lo mejor de mí. Esta visión transforma la competencia en una cultura del encuentro.
Las amenazas del deporte de hoy
El Papa señala también algunos peligros nuevos que amenazan al deporte en nuestro tiempo:
- El narcisismo, amplificado por las redes sociales, que convierte al deportista en una imagen que busca aplausos.
- La instrumentalización política, cuando el deporte se usa para fines de propaganda o de poder.
- El transhumanismo, que pretende “mejorar” artificialmente el cuerpo más allá de sus límites naturales.
- La gamificación, que reduce el deporte a una experiencia virtual y pierde su dimensión corporal, educativa y relacional.
Frente a todo esto, el Papa invita a recuperar el deporte como experiencia encarnada, vivida con el propio cuerpo y en relación con los demás.
Propuestas concretas para la Iglesia
La carta no se queda en la reflexión. El Papa León XIV hace propuestas muy concretas para que la Iglesia acompañe el mundo del deporte:
- Crear comisiones diocesanas de deporte y nombrar coordinadores pastorales locales.
- Acompañar a los deportistas de forma permanente, no solo en celebraciones o momentos especiales, sino a lo largo de sus ciclos de entrenamiento y competición.
- Promover la reflexión ética sobre el deporte en las comunidades cristianas.
- Reconocer a los atletas como modelos de ascesis y dominio de sí mismos.
- Hacer del deporte un espacio inclusivo, abierto a pobres, a personas con discapacidad y a mujeres.
Es una invitación a que las diócesis y parroquias vean el deporte no como algo ajeno a su misión, sino como un campo de evangelización.
Qué significa para Honduras
En Honduras, el deporte, y sobre todo el fútbol, forma parte de la vida diaria de miles de familias. Las canchas de las colonias son muchas veces el único espacio de encuentro sano para niños y jóvenes que viven rodeados de violencia, pobreza y falta de oportunidades.
La carta del Papa nos recuerda que la Iglesia tiene algo que decir en esas canchas. Un torneo parroquial, una escuela de fútbol para niños o un equipo de la pastoral juvenil pueden ser herramientas poderosas para alejar a los jóvenes de las pandillas y acercarlos a Cristo.
Además, la advertencia del Papa sobre el dinero y el narcisismo es muy actual. Muchos jóvenes hondureños sueñan con ser futbolistas famosos, y ese sueño es legítimo. Pero necesitan también quien les recuerde que el valor de una persona no depende de su fama ni de su contrato.
Cómo vivirlo en nuestra parroquia
Algunas ideas para llevar a la práctica la carta del Papa León XIV:
- Organizar actividades deportivas parroquiales abiertas a todos, especialmente a los jóvenes de las colonias más vulnerables.
- Formar a entrenadores y catequistas para que acompañen a los deportistas en su crecimiento humano y espiritual.
- Incluir a niñas, jóvenes mujeres y personas con discapacidad en los equipos y torneos.
- Rezar antes y después de los partidos, dando gracias a Dios por el don del cuerpo y del juego.
- Leer y comentar la carta en grupos de jóvenes, catequistas y pastoral familiar.
Una vida que desborda
El Papa León XIV nos ha regalado una carta que mira el deporte con los ojos de Dios. No lo idealiza ni lo condena: lo ama, reconoce sus peligros y propone un camino para que sea lo que está llamado a ser, una escuela de humanidad y de paz.
Que cada partido en nuestras canchas, cada entrenamiento y cada torneo parroquial sea una ocasión para experimentar esa vida en abundancia que Jesús vino a traernos. Y que la Virgen de Suyapa acompañe a todos los deportistas de Honduras en la carrera más importante de todas: la de la fe.
Fuente: Sala de Prensa de la Santa Sede y Vatican.va (carta del Santo Padre León XIV “La vida en abundancia” sobre el valor del deporte, 6 de febrero de 2026) y Vatican News.

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