San Jerónimo y el Mes de la Biblia: cómo leer la Palabra en familia
Obra: Caravaggio, San Jerónimo escribiendo (c. 1605), Galería Borghese, Roma (dominio público), vía Wikimedia Commons
Este 30 de septiembre la Iglesia celebra a san Jerónimo, sacerdote, doctor de la Iglesia y el traductor de la Biblia más importante de la historia. Su fiesta cierra el Mes de la Biblia, que en muchos países de América Latina, también en Honduras, se vive durante todo septiembre precisamente en su honor. Es una buena ocasión para conocer a este santo apasionado por la Palabra de Dios, entender mejor cómo está formada la Biblia y dar un paso concreto: empezar a leerla en casa.
Quién fue san Jerónimo
Jerónimo nació hacia el año 340 en Estridón, en la antigua Dalmacia, en la región de los Balcanes. Estudió en Roma, donde recibió el bautismo, y se enamoró de los libros y de la lengua latina. Buscando a Dios, se retiró un tiempo al desierto de Calcis, en Siria, para vivir como ermitaño. Allí aprendió hebreo, algo muy poco común entre los cristianos de su tiempo, y descubrió que el estudio de la Escritura podía ser también un camino de oración y de penitencia.
En el año 382 el Papa san Dámaso lo llamó a Roma como secretario y le encargó revisar las traducciones latinas de la Biblia, que circulaban llenas de errores y diferencias entre sí. Tras la muerte del Papa, Jerónimo se estableció en Belén, cerca de la gruta donde nació Jesús. Allí dedicó más de treinta años a traducir, estudiar y comentar las Escrituras, hasta su muerte el 30 de septiembre del año 420.
Un santo de carácter fuerte
San Jerónimo no era un hombre de trato fácil. Tenía un temperamento ardiente, discutía con fuerza y sus cartas muestran que a veces se le iba la mano con las palabras. La Iglesia no lo proclamó santo por tener un carácter perfecto, sino porque puso toda su pasión al servicio de Dios y luchó toda la vida contra sus propios defectos con la oración y la penitencia. Es un consuelo para quienes también tenemos un carácter difícil: la santidad no borra la personalidad, la purifica.
En Roma y después en Belén lo acompañó un grupo de mujeres cristianas, entre ellas santa Paula y su hija santa Eustoquio, que estudiaban la Biblia con él y hablaban hebreo y griego. Con sus bienes fundaron en Belén monasterios para hombres y mujeres y una casa para acoger a los peregrinos. Jerónimo les escribió muchas cartas sobre la Escritura y la vida espiritual, que todavía hoy se leen.
La Vulgata: la Biblia para el pueblo
La gran obra de san Jerónimo fue la Vulgata, la traducción de la Biblia al latín, que era la lengua que hablaba la gente de su tiempo. Por eso se llama “Vulgata”, es decir, “divulgada” o “para el pueblo”. Para el Antiguo Testamento no se conformó con traducir otras traducciones: fue a los textos originales en hebreo.
Durante más de mil años la Vulgata fue la Biblia de la Iglesia de Occidente. De ella bebieron los santos, los monjes, los predicadores y los artistas. El Concilio de Trento la reconoció en el siglo XVI como el texto de referencia para la Iglesia latina. Por eso san Jerónimo es patrono de los estudiosos de la Biblia, de los traductores y de los bibliotecarios. En la pintura de Caravaggio que acompaña este artículo se le ve absorto en sus libros, con una calavera sobre la mesa que recuerda lo breve de la vida y lo eterno de la Palabra.
“Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”
La frase más famosa de san Jerónimo resume todo su amor por la Biblia: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”. La escribió en su comentario al profeta Isaías, y la Iglesia la ha hecho suya: el Concilio Vaticano II la cita en la constitución Dei Verbum (n. 25) y la recoge también el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 133).
La idea es sencilla y profunda. Toda la Biblia habla de Jesús: el Antiguo Testamento lo prepara y lo anuncia, y el Nuevo lo muestra y lo explica. Quien lee la Palabra de Dios con fe se encuentra con Cristo vivo, que sigue hablando hoy.
En 2020, al cumplirse 1600 años de su muerte, el Papa Francisco le dedicó la carta apostólica Scripturae Sacrae affectus (“el amor por la Sagrada Escritura”), en la que lo presentó como modelo para los cristianos de hoy. Un año antes había instituido el Domingo de la Palabra de Dios, que la Iglesia celebra cada año en el tercer domingo del Tiempo Ordinario.
Cómo está formada la Biblia católica
Muchas personas abren la Biblia y se pierden porque no saben cómo está organizada. La Biblia no es un solo libro, sino una biblioteca de 73 libros escritos a lo largo de muchos siglos, todos inspirados por el Espíritu Santo.
- El Antiguo Testamento tiene 46 libros: el Pentateuco (los cinco primeros libros, desde el Génesis), los libros históricos, los libros sapienciales y poéticos (como los Salmos y los Proverbios) y los libros de los profetas.
- El Nuevo Testamento tiene 27 libros: los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de san Pablo y de otros apóstoles, y el Apocalipsis.
Las Biblias protestantes tienen menos libros en el Antiguo Testamento, porque no incluyen siete libros, como Tobías, Judit, Sabiduría o los dos libros de los Macabeos, que la Iglesia católica siempre ha reconocido como parte de la Escritura. Por eso es importante que en casa tengamos una Biblia católica completa.
Mes de la Biblia en Honduras: cómo leer la Palabra en familia
Muchas familias tienen una Biblia en casa, pero no saben por dónde empezar. Estas ideas pueden ayudar:
- Empezar por los Evangelios. El de san Marcos es el más corto y se puede leer en pocas semanas, un pasaje cada día.
- Seguir las lecturas de la Misa. Leer en familia el Evangelio del domingo antes de ir a Misa ayuda a vivir mejor la celebración.
- Usar una Biblia católica. Conviene elegir una edición con aprobación de la Iglesia y con notas que expliquen los pasajes difíciles.
- Dedicar un tiempo fijo. Diez minutos después de la cena o antes de dormir bastan para crear el hábito.
- Darle un lugar a la Biblia en la casa, abierta junto a una vela o una imagen, como signo de que la Palabra de Dios tiene un sitio en el hogar.
- Leer con los niños los relatos más sencillos, como la creación, Noé, José, David o las parábolas de Jesús, y preguntarles qué entendieron.
La lectio divina, un método sencillo
La Iglesia propone un camino antiguo para leer la Biblia orando, la lectio divina. El Papa Benedicto XVI lo explicó en la exhortación Verbum Domini (n. 87) en pasos muy sencillos:
- Lectura: ¿qué dice el texto? Se lee despacio, sin prisa.
- Meditación: ¿qué me dice a mí este texto hoy?
- Oración: ¿qué le respondo yo al Señor?
- Contemplación: quedarse en silencio ante Dios y dejar que la Palabra transforme la mirada y la vida.
Se puede hacer solo o en grupo, y funciona muy bien en familia o en los grupos parroquiales. Lo importante no es leer mucho, sino dejar que una frase se quede en el corazón durante el día.
Preguntas frecuentes sobre el Mes de la Biblia
¿Por qué el Mes de la Biblia es en septiembre?
Porque el 30 de septiembre se celebra a san Jerónimo, el gran traductor y estudioso de la Escritura. En América Latina, muchas diócesis dedican todo el mes a promover la lectura de la Biblia en las familias, las escuelas y las parroquias.
¿Los católicos pueden leer la Biblia por su cuenta?
Sí, y la Iglesia lo recomienda con insistencia. El Concilio Vaticano II pidió que todos los fieles tengan fácil acceso a la Sagrada Escritura. Lo importante es leerla con fe, dentro de la Iglesia, con una edición católica y, cuando algo no se entiende, preguntar a un sacerdote o a un catequista.
¿Es lo mismo leer la Biblia que escucharla en Misa?
En la Misa la Palabra de Dios se proclama de manera solemne y se escucha en comunidad, y es el lugar principal donde Dios nos habla. La lectura personal y familiar no la reemplaza, sino que prepara y prolonga lo que escuchamos cada domingo.
Una oración para empezar a leer la Biblia
Antes de abrir la Biblia, en familia o a solas, se puede rezar una oración sencilla como esta:
Señor Jesús, Palabra viva del Padre, abre nuestro corazón para escucharte. Envía tu Espíritu Santo para que entendamos lo que leemos y lo pongamos en práctica. Por intercesión de san Jerónimo, que amó tanto las Escrituras, danos hambre de tu Palabra y la alegría de encontrarte en cada página. Amén.
Al terminar, cada miembro de la familia puede decir en voz alta una frase o palabra que le haya llamado la atención. Es una forma sencilla de que la Palabra de Dios se quede en la casa y en la memoria de los niños.
Que la Palabra no se quede cerrada
El Mes de la Biblia termina, pero la Palabra de Dios no tiene fecha de vencimiento. San Jerónimo pasó la vida entera entre las páginas de la Escritura porque allí encontraba a Cristo. Que su ejemplo nos anime a abrir la Biblia más seguido, a leerla con los hijos y a dejar que ilumine nuestras decisiones de cada día.
Fuente: ACI Prensa (santoral del 30 de septiembre), Concilio Vaticano II (constitución Dei Verbum, nn. 22 y 25), Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 120 y 133), Papa Francisco (carta apostólica Scripturae Sacrae affectus, 2020) y Benedicto XVI (exhortación Verbum Domini, n. 87).

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