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Athletica Vaticana, el equipo del Papa en los Juegos del Mediterráneo

Foto: Bernard Gagnon, CC0, vía Wikimedia Commons

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El Vaticano también compite. Del 21 de agosto al 3 de septiembre de 2026, cuatro deportistas de Athletica Vaticana, la asociación deportiva oficial de la Santa Sede, participaron en los XX Juegos del Mediterráneo celebrados en Taranto, en el sur de Italia. No ganaron medallas, pero regresaron a Roma con algo que valoran todavía más: el testimonio de que el deporte puede ser un puente de paz entre los pueblos.

El miércoles 2 de septiembre, al terminar la audiencia general en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV saludó personalmente a los atletas. Ellos le regalaron una raqueta de pádel y una camiseta de ciclismo firmadas por deportistas de muchos países participantes.

En Lourdes Medios te contamos quiénes son los atletas del Papa, cómo fue su participación en Taranto y por qué la Iglesia apuesta por el deporte como camino de fraternidad.

Qué es Athletica Vaticana

Athletica Vaticana es la asociación deportiva oficial de la Santa Sede. Nació en 2018 y depende hoy del Dicasterio para la Cultura y la Educación. Está formada por empleados del Vaticano, sacerdotes, religiosas, guardias suizos y colaboradores que comparten la pasión por el deporte.

Sus miembros practican atletismo, ciclismo, esgrima, pádel, taekwondo y otras disciplinas. Participan en carreras populares, torneos y, cada vez más, en competiciones internacionales oficiales.

Pero Athletica Vaticana no busca solo resultados. Su identidad está marcada por el servicio: organiza actividades con personas con discapacidad, con migrantes y con personas en situación de pobreza, y promueve el deporte como una forma concreta de caridad. Es, en palabras sencillas, la Iglesia que sale a la pista para encontrarse con todos.

Cuatro atletas, tres disciplinas

En los Juegos del Mediterráneo de Taranto, la delegación vaticana estuvo formada por cuatro deportistas en tres disciplinas:

  • Pádel: la pareja masculina de Fabrizio Peloni y Tiziano Lucarelli, que compitió el 22 de agosto.
  • Esgrima: Daniele Fontana, en la modalidad de espada, que compitió el 23 de agosto.
  • Ciclismo: Emiliano Morbidelli, que compitió el 24 de agosto.

Son deportistas aficionados que trabajan o colaboran con el Vaticano y que se entrenan en su tiempo libre. Su presencia en unos Juegos donde participan atletas de alto nivel es, en sí misma, un mensaje: el deporte no es solo para los campeones, sino para todos los que quieren crecer, esforzarse y convivir.

Un gesto de 26 países

Uno de los datos más bonitos de esta participación es cómo fue aprobada. Los comités olímpicos de los 26 países que forman parte de los Juegos del Mediterráneo votaron por unanimidad a favor de que la Santa Sede estuviera presente.

Estos países son muy diversos: Albania, Argelia, Andorra, Bosnia y Herzegovina, Chipre, Croacia, Egipto, Francia, Grecia, Italia, Kosovo, Líbano, Libia, Macedonia del Norte, Malta, Marruecos, Mónaco, Montenegro, Portugal, San Marino, Serbia, Siria, Eslovenia, España, Túnez y Turquía.

Son naciones de Europa, África y Asia, de mayoría cristiana, musulmana o secular, algunas marcadas por guerras recientes o tensiones políticas. Que todas estuvieran de acuerdo en acoger al equipo del Papa dice mucho del respeto que despierta la Santa Sede como constructora de paz.

En total, los Juegos reunieron a 3.854 atletas. Entre ellos, los cuatro del Vaticano fueron una presencia pequeña, pero muy significativa.

Un mensaje de paz en el Mediterráneo

El mar Mediterráneo es hoy un lugar de encuentro, pero también de dolor. Por sus aguas cruzan cada año miles de migrantes que huyen de la guerra y la pobreza, y en sus orillas hay países heridos por conflictos que parecen no terminar.

Por eso la presencia de Athletica Vaticana tuvo un sentido especial. El cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, explicó que esta participación expresa un deseo de paz que sigue la línea marcada por el Papa León XIV.

El arzobispo Ciro Miniero, de la diócesis de Taranto, que acogió los Juegos, subrayó que el deporte ayuda a borrar las diferencias sociales y promueve la fraternidad desde la infancia.

El propio Papa León XIV había expresado antes de los Juegos su deseo de que fueran una ocasión para mostrar la paz y la amistad entre los pueblos de esta región y del mundo entero.

La segunda vez en los Juegos del Mediterráneo

No es la primera vez que el Vaticano participa en esta competición. En 2022, Athletica Vaticana debutó en los Juegos del Mediterráneo de Orán, en Argelia, un país de mayoría musulmana. Aquella presencia fue muy valorada como un signo de diálogo entre culturas y religiones.

La edición de Taranto 2026 fue la segunda participación de la Santa Sede en estos Juegos y su décima presencia en una competición deportiva internacional oficial. Poco a poco, el pequeño equipo del Papa se ha ido ganando un lugar en el mundo deportivo.

El encuentro con el Papa en la Plaza de San Pedro

De regreso en Roma, los atletas tuvieron la alegría de saludar al Papa León XIV el 2 de septiembre, al final de la audiencia general de los miércoles. Fue un momento breve, pero muy emotivo.

Le entregaron dos regalos cargados de significado: una raqueta de pádel y una camiseta de ciclismo del equipo, firmadas por deportistas de los distintos comités olímpicos presentes en los Juegos. Eran firmas de atletas de países que a veces están enfrentados en la política, pero que en la competición compartieron la misma cancha.

El Papa también animó a Diego Di Mattia, un joven de 24 años de Athletica Vaticana que se preparaba para el Campeonato Mundial de Taekwondo en Corea, celebrado del 16 al 21 de septiembre.

Los atletas no subieron al podio en Taranto. Pero, como recuerda la Iglesia, el valor del deporte no se mide solo en medallas.

Competir juntos, no unos contra otros

En su carta sobre el deporte, “La vida en abundancia”, publicada en febrero de 2026, el Papa León XIV explica que la palabra competir viene del latín cum-petere, que significa buscar juntos. Competir, en su sentido más auténtico, no es aplastar al otro, sino buscar la excelencia junto con él.

La participación de Athletica Vaticana en Taranto es un ejemplo vivo de esta idea. Los atletas del Papa no fueron a demostrar superioridad, sino a compartir la pista con deportistas de otras naciones y religiones, respetando las reglas y construyendo amistad.

San Pablo usaba imágenes del deporte para hablar de la vida cristiana. Decía que los atletas se someten a disciplina para ganar una corona que se marchita, mientras que los cristianos corremos por una corona que no se marchita. El esfuerzo del deporte, bien vivido, nos prepara para la carrera más importante: la de la fe.

Esa es la lógica del Evangelio. Jesús no eligió a los más fuertes ni a los más famosos para anunciar el Reino, sino a pescadores sencillos de Galilea. Del mismo modo, los cuatro atletas aficionados del Vaticano, sin grandes títulos ni patrocinadores, llevaron a Taranto un mensaje que ningún campeón podría comprar: que la Iglesia quiere estar donde están los pueblos, compartiendo sus alegrías y sus esfuerzos.

Qué nos enseña Athletica Vaticana en Honduras

Honduras es un país apasionado por el deporte, sobre todo por el fútbol. Cada fin de semana, miles de niños y jóvenes juegan en canchas de tierra, en ligas de barrio y en torneos de colonias. Muchas veces, esas canchas son el único espacio sano de encuentro que tienen.

El ejemplo de Athletica Vaticana nos recuerda que la Iglesia puede y debe estar presente en ese mundo. El deporte puede alejar a los jóvenes de la violencia, de las pandillas y de las adicciones, y puede ser una puerta para que conozcan a Cristo.

Además, el mensaje de paz que llevaron los atletas del Papa a Taranto es muy actual para nuestro país. En una sociedad herida por la violencia y la polarización, necesitamos espacios donde personas distintas aprendan a respetarse y a trabajar juntas.

Cómo vivirlo en nuestra parroquia

Algunas ideas para que nuestra comunidad parroquial viva el espíritu de Athletica Vaticana:

  • Organizar un torneo parroquial de fútbol, baloncesto o voleibol, que termine con un momento de oración y convivencia.
  • Invitar a jóvenes de otras colonias o de otras comunidades a jugar juntos, como signo de paz y fraternidad.
  • Incluir a personas con discapacidad en las actividades deportivas, como hace Athletica Vaticana.
  • Bendecir a los equipos y deportistas de la parroquia, pidiendo por su salud y su crecimiento humano y espiritual.
  • Rezar por la paz en el Mediterráneo y por los migrantes que arriesgan su vida en sus aguas.

La medalla que no se ve

Los atletas del Papa volvieron de Taranto sin medallas en el cuello, pero con el corazón lleno. Compartieron la pista con deportistas de 26 países, llevaron un mensaje de paz y fueron recibidos con alegría por el Santo Padre.

Su experiencia nos recuerda que en la vida cristiana también hay victorias que no se ven: la amistad sincera, el respeto al adversario, la perseverancia en el esfuerzo y la alegría de servir. Pidamos al Señor que el deporte en Honduras sea siempre una escuela de valores y un camino de paz para nuestros jóvenes.

Fuente: Vatican News, L’Osservatore Romano, Alfa y Omega y Vida Nueva (participación de Athletica Vaticana en los XX Juegos del Mediterráneo de Taranto, agosto y septiembre de 2026).

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