Santa Faustina Kowalska: la apóstol de la Divina Misericordia
Pintura de Santa Faustina en un oratorio de Unteremmendorf (Alemania). Foto: Kd6=dra, CC0, vía Wikimedia Commons
Cada 5 de octubre la Iglesia celebra a Santa Faustina Kowalska, la sencilla religiosa polaca a quien el Señor confió uno de los mensajes más consoladores del siglo XX: que la misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado. De su vida brotaron la imagen de Jesús Misericordioso con la inscripción “Jesús, en ti confío”, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Hora de la Misericordia a las tres de la tarde y la fiesta que hoy toda la Iglesia celebra el segundo domingo de Pascua.
En un mundo herido por guerras, divisiones y soledades, la figura de esta monja que apenas fue a la escuela sigue hablando con fuerza. Su memoria es una invitación a volver a confiar, a dejarnos perdonar y a ser, nosotros también, instrumentos de misericordia en la familia, en el trabajo y en la comunidad parroquial.
Quién fue Santa Faustina Kowalska
Helena Kowalska nació el 25 de agosto de 1905 en Głogowiec, una pequeña aldea del centro de Polonia. Fue la tercera de diez hijos de una familia campesina, pobre y muy creyente. Sus padres le enseñaron a rezar y a trabajar, y la fe se vivía en casa con naturalidad, entre las tareas del campo y la Misa dominical.
Su formación escolar fue muy breve: no llegó a completar tres años de estudio. Desde adolescente salió de casa para trabajar como empleada doméstica y así ayudar a sus padres. Sin embargo, desde muy pequeña sentía en el corazón un llamado a la vida religiosa que no lograba apagar.
Un día, mientras participaba en un baile con su hermana en la ciudad de Łódź, tuvo una experiencia que marcó su vida: vio a Jesús sufriente que le preguntaba hasta cuándo lo haría esperar. Esa misma noche fue a una iglesia, se postró ante el Santísimo y decidió entregarse por completo a Dios.
Tras ser rechazada en varios conventos por su pobreza y su escasa instrucción, el 1 de agosto de 1925 fue recibida en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, en Varsovia. Allí tomó el nombre de sor María Faustina del Santísimo Sacramento.
Una vida escondida al servicio de los demás
Durante trece años de vida religiosa, Faustina vivió en varias casas de la congregación, entre ellas Cracovia, Płock y Vilna. Sus tareas eran sencillas: cocinera, jardinera, portera. Nadie a su alrededor imaginaba la profundidad de su vida interior.
Las hermanas la recordaban como alguien alegre, servicial y discreta. En la portería atendía con especial cariño a los pobres que llegaban a pedir pan, porque veía en cada uno de ellos al mismo Cristo. Esa es una de las grandes lecciones de su vida: la santidad no depende de cargos ni de estudios, sino de la unión con Dios en lo cotidiano.
Al mismo tiempo, el Señor le concedía gracias místicas extraordinarias: visiones, revelaciones y una comunión muy íntima con Él. Por obediencia a sus confesores, entre ellos el beato Miguel Sopoćko, escribió todo lo que vivía en un cuaderno que hoy conocemos como el Diario “La Divina Misericordia en mi alma”, un texto de más de 600 páginas que se ha traducido a decenas de idiomas.
La imagen de Jesús Misericordioso: “Jesús, en ti confío”
La noche del 22 de febrero de 1931, en el convento de Płock, Jesús se le presentó vestido de blanco, con una mano levantada en señal de bendición y la otra tocando el pecho. Del corazón salían dos grandes rayos: uno pálido y otro rojo.
El Señor le pidió que pintara esa imagen con la inscripción “Jesús, en ti confío” y que fuera venerada en todo el mundo. Faustina no sabía pintar, así que la primera imagen fue realizada en 1934 en Vilna por el pintor Eugeniusz Kazimirowski, bajo las indicaciones de la propia religiosa y de su confesor. Ese cuadro original se conserva hoy en el Santuario de la Divina Misericordia de esa ciudad.
Los dos rayos tienen un significado profundo. Jesús mismo explicó a Faustina que el rayo pálido representa el agua, que purifica las almas, y el rojo la sangre, que es vida para ellas. Son una referencia directa al costado abierto de Cristo en la cruz y a los sacramentos del Bautismo y la Eucaristía.
San Juan Pablo II lo recordó en la homilía de la canonización: esos rayos nos hablan de un amor que no se cansa de perdonar y que llega a cada persona, sin excluir a nadie.
La Coronilla de la Divina Misericordia y la Hora de la Misericordia
En septiembre de 1935, en Vilna, Jesús enseñó a Faustina una oración breve para pedir misericordia por el mundo entero: la Coronilla de la Divina Misericordia. Se reza con un rosario común y toma pocos minutos, por eso es ideal para cualquier momento del día.
Cómo rezar la Coronilla paso a paso
- Se comienza con la señal de la cruz, un Padre Nuestro, un Ave María y el Credo.
- En cada cuenta grande se dice: “Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero”.
- En cada una de las diez cuentas pequeñas se dice: “Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.
- Se repiten los pasos 2 y 3 en las cinco decenas del rosario.
- Al final se dice tres veces: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero”.
Muchas personas concluyen con la jaculatoria “Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como fuente de misericordia para nosotros, en ti confío”.
Las tres de la tarde, Hora de la Misericordia
Jesús pidió también a Faustina que a las tres de la tarde, la hora en que murió en la cruz, se recordara de modo especial su Pasión. No hace falta una oración larga: basta detenerse un instante, aunque sea en el trabajo o en el camino, para contemplar a Cristo crucificado y pedir misericordia para uno mismo y para los pecadores. Muchas parroquias rezan la Coronilla a esa hora ante el Santísimo.
La fiesta de la Divina Misericordia en toda la Iglesia
Faustina murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, después de una larga enfermedad de tuberculosis que vivió con paciencia y abandono en Dios. Fue enterrada en el convento de Łagiewniki, donde hoy se levanta el gran Santuario de la Divina Misericordia.

Durante algunos años la difusión de su mensaje fue limitada por la Santa Sede, mientras se estudiaban mejor sus escritos, que circulaban en traducciones defectuosas. El entonces arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyła, promovió una revisión cuidadosa del Diario, y la Iglesia reconoció su plena conformidad con la fe.
Ya como Papa, San Juan Pablo II beatificó a Faustina el 18 de abril de 1993 y la canonizó el 30 de abril del año 2000, en pleno Gran Jubileo. Fue la primera santa del nuevo milenio. Ese mismo día anunció que el segundo domingo de Pascua se llamaría en toda la Iglesia Domingo de la Divina Misericordia.
Dos años más tarde, en agosto de 2002, consagró el mundo a la Divina Misericordia en el santuario de Łagiewniki. Y como un signo de la Providencia, el propio Juan Pablo II partió a la casa del Padre el 2 de abril de 2005, en la víspera de ese domingo. Ya antes había dedicado a este tema su encíclica Dives in misericordia (1980).
En 2015 el papa Francisco convocó el Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la bula Misericordiae vultus, y en 2020, por decreto de la Congregación para el Culto Divino, inscribió la memoria de Santa Faustina el 5 de octubre en el Calendario Romano General, para que sea celebrada en toda la Iglesia.
Este año, el 12 de abril, el papa León XIV presidió el rezo del Regina Caeli en el Domingo de la Divina Misericordia, recordando a los fieles que la Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana. El mensaje confiado a Faustina sigue siendo parte viva del corazón de la Iglesia.
Qué nos enseña Santa Faustina hoy
La vida de Santa Faustina tiene mucho que decirle a una parroquia como la nuestra. Tres enseñanzas sobresalen:
La confianza. La inscripción “Jesús, en ti confío” resume todo su mensaje. No se trata de una confianza ingenua, sino de entregar a Dios nuestras preocupaciones, nuestras heridas y también nuestros pecados, sabiendo que su amor es más fuerte.
La misericordia que se hace obras. Jesús pidió a Faustina que la devoción no se quedara en palabras. Las obras de misericordia, corporales y espirituales, son el modo concreto de vivirla: visitar al enfermo, dar de comer al que tiene hambre, perdonar las ofensas, consolar al triste, enseñar al que no sabe.
El sacramento de la Reconciliación. Para Faustina, el confesionario era el lugar donde la misericordia de Dios se derrama de forma más abundante. Su memoria es una buena ocasión para acercarnos a la confesión, sobre todo si hace tiempo que no lo hacemos.
Cómo vivir el 5 de octubre en familia y en la parroquia
Algunas ideas sencillas para celebrar hoy a Santa Faustina:
- Rezar la Coronilla de la Divina Misericordia a las tres de la tarde, solos o en familia, por los enfermos, por los que sufren la violencia y por quienes se han alejado de Dios.
- Poner en un lugar visible de la casa la imagen de Jesús Misericordioso, si la tenemos, y repetir durante el día la jaculatoria “Jesús, en ti confío”.
- Hacer una obra de misericordia concreta: una visita, una llamada a alguien que está solo, una ayuda a una familia necesitada de la colonia.
- Buscar el sacramento de la Reconciliación en los horarios de nuestra parroquia y preparar una buena confesión.
- Leer unas páginas del Diario de Santa Faustina, que es sencillo de leer y lleno de consuelo.
Octubre es también el mes del Santo Rosario y el mes de las misiones. La memoria de Santa Faustina nos recuerda que todo anuncio del Evangelio empieza por experimentar personalmente el amor misericordioso de Dios, para luego compartirlo con los demás.
Una oración para este día
Santa Faustina, tú que conociste la ternura del Corazón de Jesús, enséñanos a confiar en Él en medio de las pruebas. Intercede por nuestras familias, por los enfermos, por los jóvenes de Choloma y por todos los que se sienten lejos de Dios. Ayúdanos a ser misericordiosos como el Padre es misericordioso, y a repetir cada día con el corazón: Jesús, en ti confío. Amén.
Fuente: Santa Sede (vatican.va, homilía de canonización del 30 de abril de 2000, encíclica Dives in misericordia y bula Misericordiae vultus), ACI Prensa (decreto de la Congregación para el Culto Divino de 2020 y oración de la Coronilla), Sala de Prensa de la Santa Sede (Regina Caeli del 12 de abril de 2026).

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