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Reflexión

San Miguel, San Gabriel y San Rafael: quiénes son los arcángeles

Obra: Francesco Botticini, Los tres arcángeles y Tobías (c. 1471), Galería Uffizi, Florencia (dominio público), vía Wikimedia Commons

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Cada 29 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Son los únicos tres arcángeles cuyo nombre aparece en la Sagrada Escritura, y cada uno cumple una misión muy concreta en la historia de la salvación: Miguel defiende, Gabriel anuncia y Rafael sana. Te contamos quiénes son los arcángeles en la Biblia, qué enseña la Iglesia sobre ellos, cómo ha crecido su devoción a lo largo de los siglos y cómo podemos pedir su ayuda en la vida diaria.

Qué es un arcángel y qué enseña la Iglesia sobre los ángeles

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la existencia de los ángeles es una verdad de fe (n. 328). Son criaturas espirituales, sin cuerpo, dotadas de inteligencia y voluntad, personales e inmortales, que sirven a Dios y lo alaban sin cesar. Recogiendo una enseñanza de san Agustín, el Catecismo explica que la palabra “ángel” no dice lo que son, sino lo que hacen: significa “mensajero”, es decir, el nombre de su oficio.

La palabra “arcángel” viene del griego y quiere decir “ángel principal”. La Biblia la usa, por ejemplo, en la carta de san Judas, que habla del “arcángel Miguel”, y en la primera carta a los Tesalonicenses, que anuncia la venida del Señor “a la voz del arcángel”. Por eso la tradición de la Iglesia llama arcángeles a Miguel, Gabriel y Rafael, a quienes Dios confió tareas de especial importancia. El mismo Catecismo recuerda que la liturgia de la Iglesia celebra la memoria de estos tres arcángeles y la de los ángeles custodios (n. 335).

Hasta la reforma del calendario litúrgico de 1969, cada arcángel tenía su propia fiesta en fechas distintas. Desde entonces la Iglesia los celebra juntos el 29 de septiembre, día en que antiguamente se festejaba la dedicación de una basílica a San Miguel en Roma.

Los ángeles en la vida de Jesús

Los ángeles no son personajes de cuentos: la Biblia los muestra presentes en los momentos decisivos de la vida del Señor. El Catecismo recuerda que “desde la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles” (n. 333).

  • En Belén, un ángel anuncia a los pastores el nacimiento del Salvador, y una multitud del ejército celestial canta “Gloria a Dios en el cielo” (Lc 2,8-14).
  • En el desierto, después de las tentaciones, los ángeles se acercan a servir a Jesús (Mt 4,11).
  • En el huerto de los Olivos, cuando Jesús sufre su agonía, un ángel del cielo lo conforta (Lc 22,43).
  • En la Resurrección, los ángeles anuncian a las mujeres junto al sepulcro vacío que Jesús ha resucitado (Lc 24,4-7).

Esta presencia continúa hoy. El Catecismo enseña que toda la vida de la Iglesia se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (n. 334).

San Miguel Arcángel: “¿Quién como Dios?”

El nombre Miguel significa “¿Quién como Dios?”, y ya es en sí mismo una profesión de fe: nadie se compara con el Señor. En el libro de Daniel aparece como “uno de los primeros príncipes” y como el gran protector del pueblo de Dios (Dn 10,13; 12,1). En el Apocalipsis es quien encabeza a los ángeles en la batalla contra el dragón, figura del demonio, que es arrojado del cielo (Ap 12,7-9). Por eso se le representa con armadura, espada o lanza, y con el demonio vencido bajo sus pies.

San Miguel es invocado como defensor en la lucha contra el mal y como protector de la Iglesia universal. En 1886 el Papa León XIII compuso la oración a San Miguel Arcángel, que durante décadas se rezó al final de cada Misa. San Juan Pablo II volvió a recomendarla en 1994 como ayuda en el combate espiritual, y en 2013 el Papa Francisco consagró el Estado de la Ciudad del Vaticano a la protección de San Miguel y de San José.

Oración a San Miguel Arcángel

Esta es la oración que muchas familias rezan cada día, sobre todo en los momentos de prueba:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

San Miguel en la historia de la Iglesia

La devoción a San Miguel es muy antigua. Desde los primeros siglos se le dedicaron santuarios en lugares altos, como el del Monte Gargano, en el sur de Italia, que recibe peregrinos desde hace más de 1500 años, o el famoso Monte Saint-Michel, en la costa de Francia. En Roma, el antiguo mausoleo del emperador Adriano se llama desde la Edad Media Castillo de Sant’Angelo, y en su cima se levanta una estatua del arcángel envainando su espada, recuerdo de una peste que azotó la ciudad en tiempos del Papa san Gregorio Magno. En América Latina, muchas parroquias y pueblos llevan su nombre y celebran su fiesta patronal en estos días.

San Gabriel Arcángel: el mensajero de las buenas noticias

Gabriel significa “Fuerza de Dios”. En el Antiguo Testamento es el ángel que ayuda al profeta Daniel a comprender sus visiones (Dn 8,16; 9,21). En el Evangelio de san Lucas anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista y se presenta con estas palabras: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios” (Lc 1,19).

Su misión más conocida es la Anunciación. Gabriel fue enviado a Nazaret para anunciar a la Virgen María que sería la Madre del Hijo de Dios. Su saludo, “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28), es el comienzo del Avemaría que rezamos en el Rosario y en el Ángelus. Cada vez que rezamos un Avemaría repetimos, sin darnos cuenta, las palabras de San Gabriel.

Por ser el gran mensajero de Dios, el Papa Pío XII lo declaró patrono de las telecomunicaciones. Hoy, en tiempos de teléfonos celulares y redes sociales, es un buen intercesor para aprender a comunicar la verdad y las buenas noticias, y no rumores ni palabras que hieren.

San Rafael Arcángel: la medicina de Dios

Rafael significa “Dios sana”. Su historia aparece en el libro de Tobías: acompaña como compañero de camino al joven Tobías en un largo viaje, lo protege, libera de un gran sufrimiento a Sara, que luego sería su esposa, y devuelve la vista a Tobit, el padre de Tobías. Durante todo el viaje se presenta como un joven más, y solo al final del relato revela quién es: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor” (Tb 12,15).

Por eso San Rafael es patrono de los viajeros, de los enfermos, de quienes cuidan a los enfermos (médicos, enfermeras, familiares) y de los jóvenes que buscan a la persona con quien formar una familia. En la imagen que acompaña este artículo, pintada por Francesco Botticini hacia 1471, se ve a los tres arcángeles caminando con el joven Tobías, que va de la mano de Rafael.

Preguntas frecuentes sobre los arcángeles

¿Cuál es la diferencia entre ángeles y arcángeles?

Todos son ángeles, es decir, espíritus creados por Dios para servirle. El nombre de arcángel se da a los que la Escritura presenta con una misión principal y un nombre propio. La tradición cristiana habla también de distintos “coros” de ángeles, tomando los nombres que aparecen en la Biblia (serafines, querubines, tronos, dominaciones, potestades, virtudes, principados, arcángeles y ángeles), pero lo esencial es lo que enseña el Catecismo: todos están al servicio de Dios y de su plan de salvación.

¿Existen siete arcángeles con nombre?

Es una de las preguntas más buscadas sobre este tema. El libro de Tobías habla de siete ángeles que están delante del Señor, pero la Sagrada Escritura solo revela tres nombres: Miguel, Gabriel y Rafael. Las listas de otros arcángeles con nombres, colores o días de la semana no vienen de la fe católica, sino de corrientes esotéricas.

La Iglesia lo ha dicho con claridad. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, publicado en 2001 por la Santa Sede, pide rechazar la costumbre de dar a los ángeles nombres particulares, salvo los de Miguel, Gabriel y Rafael, que aparecen en la Biblia (n. 217). La devoción a los ángeles es buena y sana cuando nos lleva a Dios, no cuando se convierte en una práctica mágica o en un amuleto.

¿Por qué se les llama “san” si no son personas humanas?

La palabra “santo” no se reserva solo a los hombres y mujeres canonizados. Los ángeles que permanecieron fieles a Dios viven en su presencia y son santos en el sentido más pleno. Por eso la Iglesia los llama “santos arcángeles” y los invoca en las letanías de los santos.

Cómo vivir la fiesta de los arcángeles en familia

La fiesta de hoy es una buena ocasión para renovar nuestra confianza en la protección de Dios. Algunas ideas sencillas:

  • Rezar juntos la oración a San Miguel Arcángel, por la familia y por la Iglesia, sobre todo en los momentos de prueba.
  • Encomendar a San Rafael a los enfermos de la casa y del barrio, y a tantos hermanos hondureños que están de viaje o lejos de su tierra.
  • Rezar el Ángelus al mediodía recordando el anuncio de San Gabriel a la Virgen María.
  • Participar en la Misa si la parroquia celebra la fiesta, o leer en familia uno de los pasajes bíblicos mencionados.
  • Preparar la fiesta de los Ángeles de la Guarda, que la Iglesia celebra este 2 de octubre, enseñando a los niños la oración a su ángel custodio.

Los arcángeles no ocupan el lugar de Dios: son sus servidores y nos recuerdan que no caminamos solos. Que San Miguel nos defienda, San Gabriel nos ayude a escuchar la Palabra de Dios y San Rafael acompañe a nuestros enfermos y viajeros.

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 328-336); Sagrada Escritura (Daniel, Tobías, Mateo, Lucas, 1 Tesalonicenses, Judas y Apocalipsis); Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (Congregación para el Culto Divino, 2001, n. 217); ACI Prensa y Aleteia.

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