Papa León XIV en Lourdes: su mensaje a 150.000 fieles y a los enfermos
Foto: Pedro Pablo, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons
El Papa León XIV vivió en Lourdes, este domingo 27 de septiembre, uno de los momentos más intensos de su viaje apostólico a Francia. Unas 150.000 personas, entre ellas cerca de 7.000 enfermos, participaron en la Misa que presidió en la pradera junto al río Gave, frente a la gruta de Massabielle, donde la Virgen se apareció a santa Bernardita en 1858. La visita del Papa León XIV a Lourdes dejó un mensaje claro: conversión, esperanza y un lugar de honor para quienes sufren.
Para nuestra parroquia, dedicada a Nuestra Señora de Lourdes, estas jornadas tienen un significado muy especial. Aquí te contamos lo que dijo y vivió el Papa en el santuario mariano, y por qué su mensaje nos toca tan de cerca.
Lourdes, un santuario que los Papas visitan
Lourdes es uno de los santuarios marianos más visitados del mundo, con millones de peregrinos cada año. Los Papas han peregrinado allí en momentos significativos: san Juan Pablo II lo visitó en 1983 y volvió en 2004, ya enfermo, como un peregrino más entre los que sufren; Benedicto XVI fue en 2008, para los 150 años de las apariciones. La visita de León XIV es la primera de un Papa en dieciocho años.
El santuario formó parte de un viaje de cuatro días. El Papa llegó a París el 25 de septiembre, se reunió con las autoridades francesas en el Palacio del Elíseo y habló en la sede de la UNESCO. El 27 estuvo en Lourdes y el 28 cerró su viaje en Metz, con un mensaje a Europa sobre sus raíces cristianas y la acogida de los migrantes.
Qué pasó en Lourdes: la historia de las apariciones
Para entender la homilía del Papa conviene recordar lo que ocurrió en Lourdes. Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, la Virgen María se apareció dieciocho veces a Bernardita Soubirous, una muchacha de 14 años, pobre, enfermiza y sin estudios, en una gruta a las afueras del pueblo. La Virgen le pidió oración y penitencia, que se construyera allí una capilla y que la gente viniera en procesión.
El 25 de marzo de 1858, cuando Bernardita le preguntó su nombre, la Señora respondió: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Era una expresión que la joven no entendía, y que confirmaba el dogma proclamado por el Papa Pío IX apenas cuatro años antes, en 1854. En 1862 el obispo del lugar reconoció oficialmente las apariciones. Desde entonces, del manantial que brotó en la gruta han salido numerosas curaciones que la Iglesia, después de largos y rigurosos estudios médicos, ha reconocido como milagrosas.
Santa Bernardita, la mensajera de Lourdes
Bernardita nunca buscó protagonismo. Después de las apariciones soportó interrogatorios, burlas y visitas de curiosos, y siempre respondió con sencillez. En 1866 dejó Lourdes para entrar en la congregación de las Hermanas de la Caridad de Nevers, en el centro de Francia. Allí vivió como una religiosa más, muchas veces enferma, y decía que su oficio era estar enferma y ofrecerlo a Dios.
Murió el 16 de abril de 1879, con 35 años. El Papa Pío XI la canonizó en 1933, y su cuerpo se conserva en la capilla del convento de Nevers, donde lo visitan peregrinos de todo el mundo. Su vida explica muy bien el mensaje que el Papa repitió en Lourdes: Dios elige a los pequeños y a los que sufren para mostrar su amor, y la santidad se vive en la humildad de cada día.
La homilía del Papa en Lourdes: una llamada a la conversión
En su homilía, el Papa León XIV insistió en que la conversión es urgente y no se puede dejar para mañana. Recordó las palabras de san Pablo, “ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Cor 6,2), y explicó que Dios no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, por eso sale a buscar a los que se han alejado.
El Papa volvió también al corazón del mensaje de Lourdes. La Virgen le dijo a Bernardita: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”. En una sociedad que muchas veces pone toda su esperanza en el bienestar material, el Santo Padre recordó que la verdadera felicidad es la vida eterna con Dios, y que esa esperanza cambia la manera de vivir desde hoy: da fuerza para sufrir sin desesperarse y para amar sin esperar recompensa.
Penitencia como acto de amor
La Virgen pidió a Bernardita “penitencia” tres veces. El Papa explicó que la penitencia no es un castigo, sino un acto de amor: una forma de unirse a Cristo para reparar las heridas que deja el pecado, el propio y el de toda la humanidad. Quien hace penitencia no se encierra en sí mismo, sino que se hace solidario con los pecadores y reza por su conversión, como hacía Bernardita.
Con humildad, el Papa aplicó esta llamada también a la Iglesia. Pidió reconocer las propias infidelidades y heridas, para que la Iglesia se purifique y pueda sanar. Ese mismo domingo recibió en privado a siete víctimas de abusos cometidos por miembros del clero en Francia, escuchó a cada una personalmente y se comprometió a trabajar para que ese mal no vuelva a repetirse. En su encuentro con los obispos de Francia, durante este mismo viaje, ya había pedido la máxima vigilancia para proteger a los menores y seguir el camino de la escucha, la verdad, la justicia y la reparación.
Los enfermos, en el centro de la Iglesia
Lourdes es desde hace más de 160 años un lugar de encuentro para los enfermos, y el Papa quiso que ellos fueran protagonistas. Visitó el Accueil Notre-Dame, la casa que recibe a los peregrinos enfermos, y se detuvo ante cada silla de ruedas y cada camilla para saludarlos y bendecirlos.
En la homilía explicó que en Lourdes nadie es descartado por su fragilidad. Los enfermos, dijo, no son un estorbo ni un peso: ocupan un lugar central en la Iglesia, porque al ofrecer su dolor unido al de Cristo participan en la obra de la redención. Es la misma enseñanza de san Pablo, que decía completar en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24).
No es casualidad que la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, se celebre cada 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Es un día que muchas parroquias dedican a rezar por los enfermos y a llevarles los sacramentos.
Un “no” firme a la eutanasia
En un país que debate la llamada “ayuda a morir”, el Papa León XIV defendió con claridad el valor de toda vida humana. Rechazó con firmeza la tentación de provocar la muerte bajo la apariencia de una falsa compasión, recordó que la medicina está para cuidar y nunca para programar la muerte, y afirmó que la persona es digna por el simple hecho de existir, también cuando está enferma, es anciana o depende de otros.
Es la misma enseñanza que la Iglesia ha sostenido siempre. El Catecismo afirma que la eutanasia es moralmente inaceptable, cualesquiera que sean sus motivos y sus medios (n. 2277). Al mismo tiempo, la Iglesia enseña que no hay obligación de aplicar tratamientos desproporcionados que solo prolongan la agonía, y que los cuidados paliativos son una forma privilegiada de caridad (nn. 2278-2279). La respuesta al sufrimiento no es acortar la vida, sino acompañarla: aliviar el dolor, no dejar solo al enfermo y rodearlo del cariño de la familia y de la comunidad.
El Rosario por la paz y la procesión de las antorchas
Al rezar el Ángelus en Lourdes, el Papa pidió a todos los católicos rezar el Rosario durante el mes de octubre para que cesen las guerras y haya paz entre los pueblos, y acompañar esa oración con obras concretas de penitencia y misericordia, y con el compromiso de favorecer el diálogo y la reconciliación. Recordó que fue precisamente en Lourdes donde la Virgen se apareció a Bernardita con el rosario en la mano, y que la joven rezaba el Rosario mientras esperaba cada aparición.
Por la noche, el Santo Padre rezó el Rosario en la gruta y participó en la tradicional procesión de las antorchas, caminando entre los peregrinos, mientras miles de velas iluminaban el santuario y la imagen de la Virgen avanzaba llevada por los camilleros.
Cómo vivir este mensaje desde nuestra parroquia
El viaje del Papa terminó este lunes 28 de septiembre en Metz, pero su mensaje en Lourdes nos toca de cerca. Como parroquia de Nuestra Señora de Lourdes podemos:
- Visitar a un enfermo de la familia o del barrio esta semana, y avisar a la parroquia si desea recibir la comunión o la unción de los enfermos.
- Rezar el Rosario en familia durante octubre por la paz, como pidió el Papa.
- Acercarnos al sacramento de la Reconciliación, respuesta concreta a la llamada a la conversión.
- Ofrecer nuestras cruces unidas a las de Cristo, como enseñó la Virgen a Bernardita.
- Acompañar a las familias que cuidan a un enfermo o a un anciano, que muchas veces cargan solas un peso enorme.
Que Nuestra Señora de Lourdes, salud de los enfermos, nos alcance la gracia de una fe que se hace cercanía con los que sufren.
Fuente: Santa Sede (homilía y Ángelus del Papa León XIV en Lourdes, 27 de septiembre de 2026, en vatican.va), Vatican News, ACI Prensa y Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2277-2279).

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