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Economía

Michele Ferrero y la Virgen de Lourdes: la fe detrás de Nutella

Ilustración: Lourdes Medios

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Detrás de un frasco de Nutella, de un huevo Kinder Sorpresa o de un bombón Ferrero Rocher hay una historia que pocos conocen. El hombre que convirtió una pequeña pastelería del norte de Italia en uno de los gigantes mundiales del chocolate, Michele Ferrero, atribuía su éxito a la Virgen de Lourdes. No lo decía en privado ni como frase de ocasión: lo repetía en público, lo vivía en sus fábricas y lo llevaba cada año hasta la gruta de Massabielle.

En 2026 la empresa Ferrero cumple 80 años de fundación. Es un buen momento para mirar más allá de las cifras y descubrir el corazón de un empresario que nunca separó el trabajo de la fe.

De una pastelería en Alba a un gigante mundial

La historia comienza en 1946, en Alba, una ciudad del Piamonte italiano rodeada de colinas sembradas de avellanos. Eran los años duros de la posguerra. El cacao escaseaba y era caro, y la familia Ferrero, que tenía una pastelería, buscó una solución creativa: mezclar el poco cacao disponible con la avellana abundante de la región. De aquella receta sencilla nació una crema que se vendía en bloque y se cortaba en rebanadas.

Pietro Ferrero, el padre, fue quien fundó el negocio. Pero fue su hijo Michele, nacido en 1925 en Dogliani, quien lo transformó en una empresa de alcance mundial. En 1964 lanzó la Nutella, la crema de avellanas que hoy se encuentra en mesas de todos los continentes. Después llegaron los Kinder, los Tic Tac y, en 1982, el Ferrero Rocher.

Hoy el grupo Ferrero es uno de los mayores productores de chocolate y dulces del mundo. En su ejercicio 2024/2025 alcanzó una facturación de 19.300 millones de euros, con cerca de 49.000 empleados y decenas de plantas de producción repartidas en varios continentes. Michele Ferrero llegó a figurar entre las personas más ricas de Italia.

Sin embargo, cuando le preguntaban por la clave de todo aquello, su respuesta no hablaba de mercados ni de estrategias.

“El éxito de Ferrero se lo debemos a la Virgen de Lourdes”

En 1996, durante la celebración de los 50 años de la empresa, Michele Ferrero sorprendió a todos con una confesión pública. Ante sus trabajadores y directivos, afirmó que el éxito de Ferrero se lo debían a la Virgen de Lourdes, y añadió que sin ella podían hacer muy poco.

En esa misma ocasión explicó que todo lo que había logrado lo debía a María, que siempre se había puesto en sus manos y que le rezaba cada mañana, porque eso le daba fuerza.

Para un hombre de negocios de su tamaño, era una declaración poco común. En un mundo empresarial que suele atribuir el éxito al talento personal, a la suerte o a la habilidad comercial, Ferrero señalaba hacia el cielo. No negaba el trabajo duro, la innovación ni la disciplina, que en su empresa abundaban. Simplemente reconocía que todo eso estaba sostenido por algo más grande.

Una devoción que se notaba en las fábricas

La fe de Michele Ferrero no se quedó en palabras. Se tradujo en gestos concretos que marcaron la vida de su empresa.

Una imagen de la Virgen en cada planta. Ferrero mandó colocar una estatua de la Virgen en cada uno de los centros de producción de la compañía, en Italia y en el extranjero. Quien entraba a trabajar en una fábrica Ferrero sabía que el lugar estaba confiado a María.

Peregrinaciones a Lourdes. Cada año viajaba al santuario de Lourdes, en el sur de Francia, y lo hacía acompañado de sus principales directivos. También organizó peregrinaciones para los empleados, de modo que los trabajadores pudieran conocer la gruta donde la Virgen se apareció a santa Bernardita Soubirous en 1858.

Un benefactor discreto del santuario. En una entrevista concedida a ACI Prensa en 2023, el padre Mauricio Elías, capellán del Santuario de Lourdes, recordó que Ferrero tenía mucha devoción a la Virgen de Lourdes, visitaba con frecuencia el lugar y era un benefactor. Cuando unas inundaciones dañaron el santuario, el empresario prometió una gran donación para reparar lo perdido. Murió antes de cumplirla, pero sus hijos honraron la promesa de su padre y ayudaron con las reparaciones.

Ferrero Rocher y la roca de Massabielle

Gruta de Massabielle en Lourdes con la imagen de la Virgen, la roca que inspiró el nombre del Ferrero Rocher
La gruta de Massabielle en Lourdes, la roca que inspiró el nombre del Ferrero Rocher. Foto: Sotos, Wikimedia Commons (CC BY 4.0)

Hay un detalle que muchos consumidores desconocen. La palabra rocher significa “roca” en francés, y la tradición relaciona el nombre del famoso bombón con el Rocher de Massabielle, la roca de la gruta donde ocurrieron las apariciones de Lourdes.

Quien observe un Ferrero Rocher con atención puede notar el parecido: una superficie rugosa e irregular, como la piedra de la gruta, envuelta en un papel dorado. Más allá de la estrategia comercial, para Michele Ferrero aquel nombre tenía un sentido íntimo. Era una manera silenciosa de llevar a millones de hogares un recuerdo del lugar que más amaba.

Así, cada vez que alguien en Honduras, en Europa o en Asia abre una caja de estos bombones, sin saberlo tiene entre las manos un pequeño homenaje a la Virgen de Lourdes.

Un empresario que cuidaba a su gente

La fe de Ferrero también se reflejó en el trato a sus trabajadores. Alba, la ciudad donde nació la empresa, creció junto a ella, y durante décadas la compañía fue reconocida en Italia como un lugar donde se trabajaba bien.

En 1983, por iniciativa de Michele Ferrero, nació la Fundación Ferrero. Su misión era acompañar a los empleados con muchos años de servicio, tanto activos como jubilados, con actividades culturales, sociales, de salud y de convivencia. Para él, quien había dedicado su vida a la empresa no debía quedar olvidado al llegar la vejez.

Ferrero repetía que su única preocupación era que la empresa fuera cada vez más sólida, para garantizar a todos los trabajadores un lugar seguro. Era una visión del negocio que ponía a las personas en el centro.

Lo que la Iglesia enseña sobre la empresa

La historia de Michele Ferrero ilumina una enseñanza que la Iglesia ha desarrollado durante más de un siglo en su Doctrina Social. San Juan Pablo II lo expresó con claridad en la encíclica Centesimus annus (n. 35): la finalidad de la empresa no es simplemente producir beneficios, sino existir como una comunidad de personas al servicio de la sociedad entera.

El beneficio es legítimo y necesario, porque sin él una empresa no puede sobrevivir ni crear empleo. Pero no es el único criterio. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia recuerda que el empresario tiene una responsabilidad hacia sus trabajadores, sus familias y la comunidad en la que opera.

Benedicto XVI, en la encíclica Caritas in veritate, insistió en que la lógica del don y la gratuidad también tiene lugar dentro de la actividad económica. Un negocio puede ser eficiente y, al mismo tiempo, humano.

Ferrero no escribió tratados de economía cristiana. Pero su manera de dirigir la empresa mostró que fe y negocios no son mundos opuestos.

Fe y negocios: una lección para Honduras

La historia de Michele Ferrero tiene mucho que decir a los emprendedores y empresarios de nuestro país. En Honduras abundan los pequeños negocios familiares: pulperías, panaderías, talleres, comedores, fincas de café. Muchos de ellos nacieron, como la pastelería de Alba, de la necesidad y del ingenio.

¿Qué podemos aprender de este empresario italiano?

Encomendar el trabajo a Dios. Ferrero rezaba cada mañana antes de empezar su jornada. Poner el negocio en manos de Dios y de la Virgen no sustituye el esfuerzo, pero le da sentido y fortaleza en los momentos difíciles.

Ser agradecidos. En vez de atribuirse todo el mérito, Ferrero reconoció públicamente de dónde venía su éxito. La gratitud es una virtud que protege al empresario de la soberbia.

Cuidar a los trabajadores. Un negocio crece cuando las personas que lo hacen posible se sienten valoradas. Pagar lo justo, respetar la dignidad del empleado y preocuparse por su familia son formas concretas de vivir la fe.

No esconder la fe. Ferrero no tuvo miedo de que su devoción a María fuera conocida. Una imagen de la Virgen en el local, una oración antes de abrir o una peregrinación con los empleados pueden ser testimonio para otros.

Su legado después de 2015

Michele Ferrero murió el 14 de febrero de 2015, a los 89 años, en Mónaco. Curiosamente, partió tres días después de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, que la Iglesia celebra cada 11 de febrero.

Hoy la empresa la dirige su hijo Giovanni Ferrero. Ochenta años después de su fundación, el grupo sigue creciendo y sus productos llegan a casi todos los países del mundo. Pero el legado más valioso de Michele no está en los balances. Está en el ejemplo de un hombre que, en la cima del éxito, siguió arrodillándose ante la gruta de Massabielle.

Una invitación para nuestra comunidad

La próxima vez que tengamos en las manos un frasco de Nutella o un bombón dorado, podemos recordar esta historia y elevar una oración por quienes trabajan, emprenden y sostienen a sus familias con su esfuerzo.

En nuestra parroquia, dedicada a Nuestra Señora de Lourdes, esta historia nos toca de cerca. Los invitamos a confiar a la Virgen sus proyectos, sus negocios y su trabajo diario, como lo hizo Michele Ferrero. Ella, que acompañó a santa Bernardita en la humildad de la gruta, acompaña también a quienes buscan ganarse el pan con honradez.

Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nuestros trabajadores y empresarios.

Fuente: ACI Prensa y CNA (entrevista al padre Mauricio Elías, capellán del Santuario de Lourdes, 2023); Aleteia (2015); encíclicas Centesimus annus y Caritas in veritate, y Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (vatican.va); datos financieros del grupo Ferrero, ejercicio 2024/2025 (Fortune Italia, LaPresse).

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