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Niños migrantes: la Iglesia de Honduras y El Salvador en El Amatillo

Foto: Wotancito, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

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El pasado 23 de septiembre, obispos, sacerdotes y fieles de Honduras y El Salvador se encontraron en El Amatillo, el paso fronterizo que une a los dos países sobre el río Goascorán. No llegaron con pancartas ni discursos políticos, sino en peregrinación, para poner en el centro de la mirada a los niños migrantes, los más pequeños y vulnerables de quienes se ven obligados a dejar su tierra.

El encuentro formó parte de la preparación de la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada el domingo 27 de septiembre con el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, elegido por el Papa León XIV. Queremos contarte qué ocurrió en la frontera, qué pide el Santo Padre y cómo podemos responder desde nuestras parroquias.

Una peregrinación binacional en la frontera de El Amatillo

Para muchas familias hondureñas, El Amatillo no es solo un nombre en el mapa. Es el lugar por donde han pasado hijos, hermanos y vecinos que salieron buscando trabajo, seguridad o un futuro mejor. Por ese mismo puente cruzan cada año miles de personas, muchas de ellas menores de edad.

El 23 de septiembre, ese lugar de despedidas se convirtió en lugar de encuentro. Las comunidades católicas de ambos lados de la frontera se reunieron en el punto fronterizo y caminaron juntas hasta la ermita de San Antonio de Padua, del lado salvadoreño, donde oraron por los migrantes y sus familias.

Entre los presentes estuvo Mons. Reinaldo Sorto, presidente de Cáritas El Salvador, quien invitó a reconocer a Cristo de manera especial en los niños y adolescentes migrantes. Pidió que ellos ocupen el centro de nuestra mirada y recordó que acoger a un niño migrante no es solo un gesto humanitario, sino un encuentro directo con el mismo Cristo.

El obispo advirtió también que los menores sufren de forma desproporcionada las consecuencias de la pobreza, del cambio climático que arruina las cosechas y de los desplazamientos forzados por la violencia. Son problemas que conocemos bien en Honduras, especialmente en el sur del país, donde la sequía y la falta de oportunidades empujan a muchas familias a emigrar.

Las fronteras de Centroamérica, lugares de oración

El Amatillo no fue el único encuentro. En distintos países de Centroamérica, las Iglesias locales celebraron procesiones y misas en sus fronteras para expresar su cercanía con los migrantes y refugiados.

El 17 de septiembre, en Paso Canoas, el principal paso terrestre entre Costa Rica y Panamá, se celebró una peregrinación que unió dos capillas, una a cada lado de la línea fronteriza. Mons. Daniel Blanco, responsable de la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, recordó que la infancia debería ser un tiempo de juego y aprendizaje, pero que muchos niños migrantes conocen demasiado pronto el miedo, el cansancio, la incertidumbre y el desarraigo.

Estas celebraciones tienen un mensaje claro: las fronteras separan países, pero no separan a la Iglesia. Del lado hondureño y del lado salvadoreño, del costarricense y del panameño, los católicos somos una sola familia que reza unida por sus hijos que caminan.

“Incluso uno solo de estos pequeños”: el mensaje del Papa León XIV

El lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de este año está tomado del Evangelio de San Mateo, cuando Jesús dice que quien recibe a un niño en su nombre lo recibe a Él (Mt 18,5). Con esa frase, el Papa León XIV quiso que la Iglesia de todo el mundo mirara de manera especial a los menores que viven la experiencia de la migración.

En su mensaje para esta jornada, publicado el 14 de agosto de 2026, el Santo Padre describe con dolor la situación de estos niños. Habla de menores que han perdido a sus padres, hermanos y amigos; de niños separados de sus familias durante largos periodos o por repatriaciones; de pequeños que han presenciado violencia y atrocidades en el camino; y de aquellos que mueren en las rutas migratorias o caen en redes de trata y explotación.

Frente a esta realidad, el Papa afirma que el grito de los niños desplazados sube hoy hasta Dios. Recuerda que cada niño posee una dignidad infinita y que no podemos permanecer indiferentes ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento. Por eso pide un cambio urgente de mirada.

Lo que el Papa pide a las comunidades cristianas

El mensaje no se queda en la denuncia. León XIV propone caminos concretos para las parroquias y comunidades:

  • Que la acogida deje de ser una idea y se convierta en una práctica pastoral estable.
  • Que miremos a los niños migrantes como a nuestros propios hijos, con el mismo cuidado y la misma ternura.
  • Que los migrantes y refugiados sean integrados como miembros plenos de la comunidad eclesial, no como visitantes de paso.
  • Que se creen espacios de protección donde los menores estén seguros y se respete su identidad cultural.

Lo que enseña la Iglesia sobre los migrantes

La preocupación de la Iglesia por los migrantes no es una moda ni una postura política. Nace del corazón del Evangelio. El mismo Jesús, siendo niño, fue migrante: con María y José tuvo que huir a Egipto para salvar su vida de la persecución de Herodes (Mt 2,13-15). La Sagrada Familia conoció en carne propia lo que viven hoy tantas familias centroamericanas.

En el Evangelio del Juicio Final, Jesús se identifica con el forastero: “Fui forastero y me recibieron” (Mt 25,35). Y el Antiguo Testamento repite una y otra vez el mandato de amar al extranjero, porque también Israel fue extranjero en Egipto (Dt 10,19).

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en la medida de lo posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no encuentra en su país de origen (n. 2241). Al mismo tiempo, recuerda que los migrantes deben respetar las leyes y el patrimonio del país que los recibe.

El papa Francisco resumió la respuesta cristiana en cuatro verbos que siguen guiando a la Iglesia: acoger, proteger, promover e integrar. Con el lema de este año, el Papa León XIV da un paso más y nos pide aplicar esos cuatro verbos, en primer lugar, a los más pequeños.

Honduras, un país que conoce el dolor de la migración

En Honduras casi no hay familia que no tenga a alguien lejos. Padres que trabajan en Estados Unidos o en España para mantener a sus hijos, abuelas que crían a sus nietos, jóvenes que se fueron sin despedirse. Detrás de cada remesa hay una historia de sacrificio y, muchas veces, de soledad.

También hay niños que se quedan. Son los hijos de la migración: crecen con un padre o una madre al otro lado de una pantalla, extrañando un abrazo. Y hay niños que regresan, deportados, a comunidades que a veces ya no sienten como propias. Todos ellos forman parte de los “pequeños” de los que habla el Papa.

El encuentro de El Amatillo tiene además un significado especial para la Iglesia del sur de Honduras. Esa zona fronteriza pertenece a la Diócesis de Choluteca, que llora en estos días la partida de su pastor, Mons. Teodoro Gómez, fallecido el 28 de septiembre en Madrid. Que el Señor le conceda el descanso eterno y que su Iglesia siga siendo casa de acogida para los que parten y para los que regresan.

La Misión Nacional 2026: una Iglesia que sale al encuentro

Este gesto en la frontera se vive en un año muy especial para la Iglesia hondureña. El 4 de febrero, desde la Basílica de Nuestra Señora de Suyapa, comenzó la Misión Nacional 2026 con el lema “Por una Iglesia sinodal y misionera en Honduras”. Con visitas misioneras, retiros y pequeñas comunidades, la misión busca que cada bautizado se sienta parte del anuncio del Evangelio. Concluirá el 22 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey.

Una Iglesia misionera es una Iglesia que sale de sí misma y va a las periferias. Y pocas periferias son tan reales como una frontera por donde pasan niños cansados con una mochila al hombro. Lo que se vivió en El Amatillo es la Misión Nacional hecha camino.

Cómo podemos ayudar a los niños migrantes desde la parroquia

No hace falta vivir en la frontera para responder al llamado del Papa. Estas son algunas formas concretas de hacerlo desde nuestra comunidad:

  • Rezar por los migrantes, en la Misa, en el Rosario de este mes de octubre o en la oración familiar. Puedes ofrecer una decena del Rosario por la paz por los niños que hoy están en camino.
  • Acompañar a las familias con migrantes, especialmente a los abuelos que crían nietos y a los niños que extrañan a sus padres. Una visita o un tiempo de escucha valen mucho.
  • Acoger a los que regresan. Las personas retornadas necesitan una comunidad que las reciba sin juicios y las ayude a empezar de nuevo.
  • Apoyar a la Pastoral de Movilidad Humana y a Cáritas, que atienden albergues y centros de atención al migrante en el país.
  • Informarse bien antes de opinar y no compartir en redes mensajes que desprecien o ridiculicen a los migrantes.
  • Hablar con los jóvenes sobre los peligros reales de la ruta migratoria y de las redes de trata, para que ninguno emprenda ese camino engañado.

Una oración por los niños migrantes

Señor Jesús, que siendo niño fuiste refugiado en Egipto con María y José: protege a los niños que hoy caminan lejos de su hogar. Dales pan, techo y personas buenas que los cuiden. Consuela a los padres que esperan noticias y a los hijos que extrañan un abrazo. Haz de nuestra parroquia una casa abierta para todos. Amén.

Cristo nos espera en cada niño que camina

Lo que ocurrió en El Amatillo es una imagen preciosa de lo que la Iglesia está llamada a ser: un puente y no un muro, una madre que sale a buscar a sus hijos donde están. Dos pueblos hermanos, separados por una línea en el mapa, caminaron juntos para decir a los migrantes que no están solos.

El Papa León XIV nos recuerda que basta con uno solo de estos pequeños para que valga la pena todo el esfuerzo. Que la Virgen de Suyapa, Madre de los hondureños, cuide a cada niño que camina, y nos dé un corazón capaz de reconocer en él el rostro de su Hijo.

Fuentes: ACI Prensa (encuentros de las Iglesias de Centroamérica en las fronteras, 25 de septiembre de 2026; inicio de la Misión Nacional 2026 en Honduras), Vatican News (mensaje del Papa León XIV para la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, 14 de agosto de 2026), Vatican.va (Catecismo de la Iglesia Católica).

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