Papa León XIV a Europa: raíces cristianas y acogida de los migrantes
Foto: Florian Pépellin, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons
El Papa León XIV cerró este lunes 28 de septiembre su viaje apostólico a Francia con un mensaje dirigido a toda Europa. Desde Metz, ciudad fronteriza entre Francia, Alemania y Luxemburgo, pidió al continente volver a sus raíces cristianas y, al mismo tiempo, acoger e integrar a los migrantes. La postura del Papa León XIV sobre los migrantes llega en un momento en que la migración es uno de los temas que más dividen a la política europea.
Te explicamos qué dijo el Papa ante los gobernantes, en qué contexto lo dijo, cuál es la postura de la Iglesia y en qué se fundamenta.
Los hechos: del Palacio del Elíseo a Metz
El viaje comenzó el 25 de septiembre en París. En el Palacio del Elíseo, ante el presidente Emmanuel Macron, las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, el Papa habló de una convivencia en la que personas de distintos orígenes culturales y religiosos puedan vivir juntas y enriquecerse mutuamente. Defendió una laicidad justa, que no expulse la religión del espacio público ni de la educación, recordó que la protección de la vida es la base de los demás derechos y animó a Francia a seguir siendo constructora de paz en Europa. Esa misma tarde habló en la sede de la UNESCO y, el domingo 27, presidió en Lourdes una Misa con 150.000 fieles.
El 28 de septiembre, último día del viaje, el Papa llegó a Metz, a pocos kilómetros de Schengen, el pueblo luxemburgués que da nombre al acuerdo de libre circulación europeo. Fue el primer Papa en visitar la ciudad desde san Juan Pablo II, en 1988. En el Centro de Congresos Robert Schuman participó en un encuentro con representantes de distintas religiones sobre las raíces de Europa, la paz y la unidad. Después presidió la Misa de despedida en la catedral de San Esteban y regresó a Roma.
Qué dijo el Papa: raíces cristianas y puertas abiertas
El Papa afirmó que no se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo, y propuso recorrer de nuevo sus raíces, desde san Benito, patrono de Europa, hasta Robert Schuman, que después de dos guerras mundiales impulsó la reconciliación entre pueblos que habían sido enemigos. También invitó a recuperar la tradición europea de diálogo, para que siga siendo una inspiración para el mundo entero.
Sobre la presencia de tantos migrantes en el continente, pidió comprender el momento histórico que se vive, un encuentro de pueblos y culturas sin precedentes, que invita a redescubrir las propias raíces de forma nueva y creativa, escuchando con atención a los demás. Y fue concreto: pidió ayudar a los migrantes “a ingresar de manera segura y legal y a integrarse en la comunidad como si fueran parte de la propia familia”.
En el encuentro interreligioso añadió una advertencia firme: usar el nombre de Dios para justificar la violencia o la opresión es profanarlo. El diálogo, explicó, no debilita la propia identidad, sino que la expresa con sencillez y verdad. Y recordó que la grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la manera en que acoge a la persona humana, especialmente a la más vulnerable.
Qué significa volver a las raíces cristianas
Cuando el Papa habla de las raíces cristianas de Europa no propone una nostalgia del pasado ni una forma de excluir a quienes tienen otra fe. Se refiere a los valores que nacieron del Evangelio y que dieron forma al continente: la dignidad de cada persona, creada a imagen de Dios; la igualdad entre hombres y mujeres; el cuidado de los pobres y de los enfermos; el valor del trabajo y del estudio.
San Benito, el patrono de Europa, es un buen ejemplo. Sus monasterios, con el lema “ora et labora” (reza y trabaja), conservaron los libros antiguos, enseñaron a cultivar la tierra y ofrecieron hospitalidad al peregrino en tiempos de gran inseguridad. Para el Papa, esas raíces no cierran las puertas: al contrario, la misma fe que construyó Europa es la que enseña a recibir al forastero como a Cristo.
Por qué Metz y por qué Robert Schuman
La elección de Metz no fue casual. La región de Lorena cambió de país varias veces en las guerras entre Francia y Alemania, y conoce bien el dolor de las fronteras. Muy cerca de Metz vivió y está enterrado Robert Schuman, el político católico que, como ministro de Asuntos Exteriores de Francia, presentó el 9 de mayo de 1950 la declaración que dio origen a lo que hoy es la Unión Europea. Su idea era sencilla y audaz: unir a los antiguos enemigos para que la guerra entre ellos fuera imposible.
Schuman vivió su compromiso político como un servicio inspirado en su fe. La Iglesia estudia su vida con vistas a una posible beatificación, y en 2021 el Papa Francisco lo declaró venerable, es decir, reconoció que vivió las virtudes cristianas en grado heroico. Hablar de las raíces de Europa desde el centro que lleva su nombre fue una forma de recordar que la unidad del continente nació, en buena parte, de la reconciliación cristiana.
El contexto político: un continente dividido
El mensaje del Papa llega en un momento delicado. En varios países europeos la migración está en el centro de las campañas electorales, y crecen los movimientos que piden cerrar fronteras y endurecer las leyes. Al mismo tiempo, muchos gobiernos buscan cómo integrar a millones de personas que ya viven en su territorio, y cómo responder a quienes siguen llegando huyendo de guerras, de la pobreza o de la persecución.
El Papa no habló contra ningún gobierno ni partido en particular. Su propuesta no es una consigna política, sino un criterio para todos: caminos de entrada seguros y legales, que protegen al migrante y respetan el orden de cada país, acompañados de una verdadera integración.
La postura de la Iglesia y su fundamento
Lo que el Papa pidió en Metz no es nuevo: es la enseñanza constante de la Iglesia, basada en el Evangelio. Jesús se identificó con el forastero: “Fui forastero y me recibieron” (Mt 25,35). La misma Sagrada Familia tuvo que huir a Egipto para salvar la vida del Niño (Mt 2,13-15), y el pueblo de Israel recibió de Dios el mandato de amar al extranjero, porque también ellos habían sido extranjeros en Egipto (Dt 10,19).
El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa con equilibrio (n. 2241):
- Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no encuentra en su país.
- Las autoridades pueden regular la inmigración, en vista del bien común del que son responsables.
- El migrante, por su parte, debe respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo recibe, obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas.
La migración en la enseñanza de los Papas
La preocupación de la Iglesia por los migrantes tiene una larga historia. La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado se celebra desde 1914, y este año llegó a su edición número 112. En 1952 el Papa Pío XII dedicó a los migrantes la constitución apostólica Exsul Familia, que toma su nombre precisamente de la Sagrada Familia exiliada en Egipto.
El Papa Francisco resumió esta enseñanza en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Los desarrolló en su encíclica Fratelli tutti, en la que explica que la respuesta a la migración no puede ser solo de un país, sino que exige la colaboración entre las naciones, tanto para ayudar a los países de origen como para acoger bien a quienes llegan. León XIV continúa en esta línea: defender la dignidad del migrante sin negar el derecho de los Estados a ordenar sus fronteras.
Preguntas frecuentes sobre la Iglesia y la migración
¿La Iglesia pide abrir las fronteras sin ningún control?
No. El Catecismo reconoce que las autoridades pueden regular la inmigración en vista del bien común. Lo que la Iglesia pide es que esas normas respeten la dignidad de cada persona, que existan vías legales y seguras, y que nadie sea tratado como un objeto o abandonado a su suerte.
¿Tiene deberes el migrante?
Sí. El mismo Catecismo pide al migrante respetar las leyes y la cultura del país que lo recibe y contribuir a sus cargas. La integración es un camino de dos direcciones.
¿Por qué el Papa habla de política?
La Iglesia no apoya partidos ni candidatos, pero tiene el deber de iluminar con el Evangelio las cuestiones que afectan a la dignidad humana. La migración toca la vida de millones de familias, y por eso los Papas hablan de ella ante los gobernantes.
Una palabra que también es para Honduras
Para los hondureños, este mensaje no es lejano. Casi todas las familias del país tienen a alguien que emigró o que piensa hacerlo. Pocos días antes, el 23 de septiembre, sacerdotes y fieles de Honduras y El Salvador se reunieron en la frontera de El Amatillo para acompañar a los migrantes, especialmente a los niños, con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que la Iglesia celebró el 27 de septiembre.
La defensa que hace el Papa de los migrantes en Europa es la misma que la Iglesia hace por nuestros hermanos en el camino hacia el norte. Recemos por los que se van, por los que se quedan y por los gobernantes, para que busquen soluciones justas que pongan en el centro la dignidad de cada persona.
Fuente: Santa Sede (discurso del Papa León XIV a las autoridades en el Palacio del Elíseo, 25 de septiembre de 2026, en vatican.va), Vatican News (encuentro interreligioso en Metz, 28 de septiembre de 2026), ACI Prensa, Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2241), Pío XII (Exsul Familia, 1952) y Papa Francisco (Fratelli tutti, 2020).

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